INFORME GLOBAL DE LA CORRUPCION 2009
May 27, 2010
Autor: Transparencia Internacional

El nivel de corrupción en el sector privado continúa siendo alarmante. No es raro que empresas nacionales y multinacionales paguen sobornos para asegurarse la adjudicación de contratos públicos, o que poderosas compañías ejerzan presión indebida con el objeto de capturar instituciones e influir en las normas para conseguir condiciones de inversión favorables.

Muy a menudo, tales prácticas son propiciadas o respaldadas por funcionarios públicos, quienes pueden estar recibiendo un sueldo insuficiente por su trabajo y tener grandes dificultades económicas, o por líderes políticos corruptos, que usan la política para conseguir el dinero que supuestamente necesitan para alcanzar sus objetivos políticos o para asegurarse apoyo.

Algunos acumulan inmensas fortunas durante el tiempo en que ejercen un cargo público, y en ocasiones logran desviar fraudulentamente esos activos fuera del país hacia cuentas bancarias personales secretas.

Sabemos muy bien que la corrupción corporativa menoscaba o amenaza profundamente el dinamismo y el crecimiento que corresponden a una competencia leal.

Sin embargo, los efectos perniciosos de la corrupción no se limitan a socavar la competencia o paralizar el crecimiento económico. Algunos de los desafíos más importantes en materia de políticas públicas que enfrentamos actualmente sólo podrán superarse cuando las empresas asuman plenamente las responsabilidades que les competen, lo cual debe complementarse con una regulación efectiva.

El cambio climático, por ejemplo, exigirá inversiones gigantescas, transferencias de recursos y contar con la creatividad de los líderes empresariales para reformular sus estrategias de manera sostenible. La codicia y la defensa a corto plazo de modelos empresariales obsoletos son dos de los principales obstáculos que impiden abordar la cuestión del calentamiento global de manera equitativa y con la efectividad y el apremio necesarios. La visión emprendedora, la integridad empresarial y la responsabilidad corporativa pueden y deben desempeñar un papel central en este contexto.

Otro desafío es el que representan los Estados débiles; estos países son focos de enorme sufrimiento humano y de inseguridad regional. Suelen contar con fuerzas militares numerosas y una riqueza extraordinaria en recursos naturales. Por ello, las industrias extractivas y el sector de la defensa deben asumir un rol de primer plano para asegurar que no haya corrupción en los negocios y que los flujos de ingresos y los gastos públicos sean transparentes, lo que constituye una condición previa de la rendición de cuentas.

Vencer la corrupción y fortalecer la integridad corporativa son objetivos para una agenda ambiciosa, pero que ofrece a los distintos actores muchas posibilidades de participar en su consecución.

Una estrategia importante es establecer e implementar de manera rigurosa los marcos normativos nacionales e internacionales contra la corrupción. En el ámbito interno, la mayoría de los países ya cuentan con leyes y políticas anticorrupción. Lamentablemente, su efectividad no es suficiente debido a una aplicación e implementación irregulares o poco estrictas. En el ámbito internacional, el marco equivalente es el de la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción, que entró en vigor en 2005 y ahora debe ser plenamente adoptada por los países signatarios.

La participación activa de la comunidad empresarial es una segunda estrategia importante para la lucha contra la corrupción. El décimo principio contra la corrupción del Pacto Mundial de las Naciones Unidas subraya la responsabilidad común y la necesaria implicación del sector privado para contribuir a eliminar la corrupción.

Esto refleja el actual desarrollo de normas de responsabilidad social corporativa (RSC), que instan a las empresas a incorporar medidas anticorrupción como un medio para preservar su reputación.

Por otra parte, cada vez son más los gestores de inversiones que consideran los controles internos de la ética empresarial y la integridad corporativa como una señal de buenas prácticas empresariales y de gestión sólida.

Una tercera estrategia se basa en emplear plenamente las fuerzas compensadoras de la sociedad civil y la opinión pública para combatir la corrupción en el sector privado. La sociedad civil puede ayudar al Estado a diseñar estrategias adecuadas, fomentar la participación de ciudadanos y empresas en la implementación de medidas anticorrupción, y ejercer presión social para que se mantenga el compromiso político de combatir la corrupción.

La conclusión es clara: debemos abordar la corrupción en el sector privado de manera creativa, en todos los niveles, y a través de distintos canales de intervención y regulación. Más aún, debemos incitar al sector privado a desarrollar iniciativas voluntarias que promuevan la RSC.

El Informe Global de la Corrupción 2009 de Transparency International identifica prioridades y oportunidades innovadoras de participación, y con ello demuestra que todos los actores pueden contribuir a mejorar la transparencia y la rendición de cuentas en las empresas, y ayudarlas a desempeñar el papel vital que les corresponde para superar los desafíos globales de nuestra época en materia de políticas públicas.

MAS ALLA DEL SOBORNO: UN ANÁLISIS INTEGRAL DE LOS RIESGOS DE CORRUPCIÓN PARA EL SECTOR EMPRESARIAL

Transparency International define la corrupción como el abuso del poder conferido para beneficio propio. En el caso de las empresas, esto implica otros aspectos además de la percepciónde que hay que sobornar a funcionarios públicos.

Los riesgos de corrupción dentro de la empresa incluyen, entre otros, al fraude corporativo, la manipulación de las cuentas y el abuso de información privilegiada. La corrupción en el trato con los clientes y los proveedores puede consistir, por ejemplo, en el pago tradicional de comisiones ilícitas a funcionarios públicos, o en el soborno de gerentes de compras para conseguir negocios en detrimento de otras empresas (soborno comercial). En el ámbito del mercado, se puede abusar del poder delegado para pactar ilícitamente con otros competidores en general, el poder corporativo puede ser abusado para eludir las normas y el control regulador, o puede ejercerse influencia indebida durante la elaboración de reglamentaciones y políticas, con consecuencias negativas para la inversión extranjera directa, la integridad de la cadena de suministro y la tributación transnacional.

Todos estos riesgos de corrupción están relacionados, y a veces se refuerzan entre sí de dos maneras fundamentales.

En términos de motivación. La corrupción en cualquiera de estas esferas empresariales fomenta una cultura de ambivalencia moral y oportunismo irresponsable que socava el compromiso general de integridad y propicia otros actos de corrupción. Cuando los directivos de alto nivel se conceden a sí mismos paquetes salariales extraordinarios, los de menor rango pueden verse tentados a mejorar sus propios salarios solicitando sobornos a los proveedores.

DESAFÍOS DE LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN PARA LAS PEQUEÑAS Y MEDIANAS EMPRESAS. (Elaine Burns)

Las pequeñas y medianas empresas (pymes) revisten una importancia enorme para la economía global, ya que representan más del 95% de las empresas del mundo y más del 99% del sector empresarial en países como Bélgica, Grecia, Italia y Corea del Sur2. Dado que muchas operan en mercados en desarrollo difíciles y sustentan a las principales industrias como vínculos esenciales de su cadena de suministro, las pymes son muy vulnerables a la corrupción. Como reveló una encuesta del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD)/Banco Mundial, más del 70% de las pymes perciben la corrupción como un obstáculo para su empresa, mientras que esta percepción la tienen aproximadamente un 60% de las grandes empresas.

¿Qué pueden hacer las pymes para evitar el soborno cuando un funcionario de aduana exige el pago de una comisión ilícita para autorizar la importación de un producto perecedero? ¿Cómo puede obtener ayuda un proveedor en el caso de que el comprador de una importante empresa minorista espere un “incentivo” para adjudicar un contrato? Ayudar a las pymes a no ceder ante la corrupción es un aspecto esencial de cualquier iniciativa integral contra la corrupción, para impedir que se conviertan en el eslabón más débil.

Las pymes pueden consistir tanto en una empresa unipersonal como en una empresa familiar de 20 integrantes, o incluso llegar a alcanzar el tamaño de compañías con cientos de empleados.

No obstante, cada una de estas categorías de pymes, independientemente de su tamaño o estructura, se enfrenta a cuatro desafíos principales.

Es posible que la cultura del soborno esté tan arraigada en el entorno empresarial que las pymes se vean presionadas a ceder ante esta para no fracasar. En algunos contextos, el soborno puede ser percibido como uno de tantos mecanismos comerciales, un atajo necesario que la empresa podría difícilmente evitar.

Estas vulnerabilidades pueden aumentar aún más la presión para que las pymes cedan a las demandas de corrupción. Sin embargo una empresa que funcione sobre la base del soborno no sólo está operando de manera ilícita sino que se expone a sanciones.

A menudo, las pymes no reconocen ni comprenden las complejidades y zonas grises de la corrupción. Pueden no estar seguras de cuándo un obsequio o agasajos se ofrecen como incentivo, en qué casos una donación a un partido político o entidad de beneficencia puede ser utilizada como soborno, y cuáles pueden ser las consecuencias de conflictos de intereses inadvertidos. Un análisis de la OCDE de algunos de los principales países exportadores indicó que aun cuando la mayoría de las empresas exportadoras eran pymes, contaban con información insuficiente sobre las leyes anti-soborno.

Los recursos limitados también constituyen un desafío importante. Pese a que la cantidad de personas, tiempo y dinero necesarios para crear programas contra el soborno será, por lo general, menor que en las grandes organizaciones, muchas pymes se encuentran en la situación de tener que luchar por generar ganancias suficientes para subsistir, por lo que difícilmente disponen de recursos adicionales para evitar la corrupción.

Las pequeñas y medianas empresas no reciben gran ayuda para resistir a la extorsión —la exigencia de dinero, bienes o servicios— y, por consiguiente, no siempre pueden enfrentarse a ella. Si bien muchas pymes pueden tener buenas intenciones y actuar con buenas prácticas, existen pocas redes de apoyo para estas organizaciones y las medidas contra el soborno son poco consistentes.

Para enfrentar los desafíos mencionados, las pymes deben conocer con más precisión los límites de la corrupción y contar con más información y ayuda sobre cómo resistir a las propuestas corruptas. Como incentivo para resistir al soborno, las empresas deben comprender el perjuicio que este causa —como la pérdida de control y prestigio, así como las posibles sanciones y condenas—, y reconocer asimismo que los fondos utilizados para pagar sobornos tienen un impacto directo en la viabilidad económica de la empresa y erosionan sus resultados.

Además, a medida que el entorno empresarial adquiere mayor conciencia de los riesgos de la corrupción, las pymes deben actualizar sus conocimientos: la reputación en términos de integridad y el activismo contra el soborno son factores cada vez más importantes para que las compañías resulten atractivas a las instituciones financieras y en los procesos de selección de proveedores de empresas más grandes.

Por ello, es fundamental que las pymes comiencen a abordar el tema de la corrupción de manera conjunta y coordinada. En esta tarea necesitarán contar con el apoyo de los gobiernos, principalmente a través de la aplicación de las leyes contra el soborno, así como de los organismos de compras públicas, que pueden establecer pactos de integridad para los oferentes y los contratistas consistentes en acuerdos sobre transparencia y rendición de cuentas, antes de firmar contratos con pymes. Los incentivos de los bancos, como las tasas de interés favorables para aquellas empresas que implementen planes contra el soborno, también podrían instar a las pymes a invertir en iniciativas contra la corrupción. La asistencia de las grandes compañías, que pueden usar su experiencia y ayudar a sus proveedores con programas de capacitación y recursos, contribuiría asimismo a preparar a las pymes para hacer frente a situaciones de soborno. También la sociedad civil ofrece asistencia. Transparency International ha desarrollado recientemente una herramienta para las pymes que establece lineamientos claros y ofrece ejemplos prácticos de estas cuestiones y sobre cómo establecer un programa contra el soborno.

Sin duda, es posible enfrentar al soborno de forma creativa y efectiva en términos de costos.

En algunos países, las pymes han constituido cooperativas para luchar contra la corrupción mediante la ayuda recíproca y el desarrollo de sus propios planes colectivos. En casos en los que una sola voz resulta insignificante o ineficaz, la fuerza está en el número. En otra iniciativa, auspiciada por la Agencia Danesa de Cooperación Internacional para el Desarrollo (DANIDA) a través de la Confederación de Industrias de Tanzania, ciertas pymes de Tanzania combatieron exigencias fraudulentas de impuestos derivándolas a un número de teléfono exclusivo manejado por unos pocos empleados que agobiaron a quienes llamaban con preguntas sobre requisitos, nombres, números de referencia, datos de los jefes de departamentos y números de teléfono, hasta que los estafadores desistieron, abrumados por los detalles6. Gracias a acciones como esta, la declaración de la OCDE según la cual la corrupción “ya no forma parte de las actividades comerciales habituales”, contenida en su Convención contra el Soborno, está volviéndose más convincente incluso en el complejo entorno en que se desenvuelven las pymes.